Quien empieza a cobrar por volar hace casi siempre el mismo razonamiento: «el encargo son cuatro horas y cobro X, así que gano X». Y no. Entre esas cuatro horas y lo que queda en la cuenta hay tres restas que nadie enseña, y las tres se pueden hacer en una servilleta.
Cuenta 1 · Las horas que de verdad puedes facturar
Un año no tiene 1.760 horas de vuelo. Tiene 1.760 horas en total, y de ahí salen también las que nadie te paga: buscar clientes, hacer propuestas que no se aceptan, la contabilidad, el mantenimiento, la formación y los días que no se vuela porque hace viento.
horas facturables = horas del año − todo lo anterior
El número que sale suele asustar. Y es el número correcto, porque es el divisor de todo lo demás: tu tarifa mínima no sale de lo que cobra el de al lado, sale de dividir tus costes entre las horas que realmente puedes facturar. Con la mitad de horas facturables, la misma tarifa da la mitad de margen.
Cuenta 2 · La jornada entera, no el rato de vuelo
Un encargo de «cuatro horas» casi nunca son cuatro horas. Son:
- la víspera: mirar el sitio, los permisos, preparar el material;
- el desplazamiento, ida y vuelta;
- el rato en el sitio, del montaje a la recogida — no del despegue al aterrizaje;
- la descarga y las copias;
- la posproducción, que en audiovisual es casi siempre la partida más grande.
Sumadas, un encargo «de una mañana» son fácilmente dos jornadas de trabajo. Si el precio se puso pensando en la mañana, el margen ya se evaporó antes de salir de casa.
👉 La forma honesta de medirlo es al revés: cronometra cinco encargos del mismo tipo y usa tus minutos, no los de nadie. Es aburrido y es lo único que funciona.
Cuenta 3 · El desgaste, que se paga aunque no lo veas
Un dron no es un gasto de una vez: es un gasto por hora de vuelo. Y las baterías, un gasto por ciclo.
desgaste = horas de vuelo × (coste del aparato ÷ su vida útil) + ciclos × (coste de una batería ÷ sus ciclos útiles)
Esta es la resta que más se olvida porque no aparece en ninguna factura ese mes. Aparece dos años después, de golpe, cuando hay que reponer el equipo y no hay dinero apartado. Contarlo por encargo convierte una sorpresa en una línea del presupuesto.
Y lo que no es una cuenta: los papeles que te dejan cobrar
Antes de la primera factura hay dos cosas que no son opcionales y que además te va a pedir cualquier cliente serio:
- Registro de operador ante AESA, obligatorio porque el dron lleva cámara — art. 14.5.a.ii del Reglamento (UE) 2019/947, «sensor capaz de capturar datos personales».
- Seguro de responsabilidad civil aeronáutico, obligatorio en A2 y en específica (art. 8.2 del RD 517/2024). En A1/A3 por debajo de 20 kg la norma no lo exige, pero el contrato del cliente sí.
⚠️ Y lo que este artículo no te va a decir: cómo darte de alta, qué epígrafe te toca o qué IVA aplicar. Eso es fiscalidad, cambia con tu caso y lo tiene que ver quien lleve tus cuentas. Aquí se habla de la aritmética del encargo, que es otra cosa.
Lo que sale de hacer las tres
Nada espectacular: sale tu tarifa mínima, que es el precio por debajo del cual un encargo te cuesta dinero. No es lo que tienes que cobrar — es el suelo por debajo del cual conviene decir que no.
Tener ese número cambia dos conversaciones. La primera, con el cliente que regatea: dejas de negociar a ciegas. La segunda, contigo mismo en enero, cuando toca decidir si el año pasado funcionó.
Por dónde seguir
Los dos trámites de arriba tienen su ficha: registro de operador y seguro de RC. Y si aún no tienes certificado, el mapa completo está en categoría abierta.
Las citas son al Reglamento (UE) 2019/947 y al Real Decreto 517/2024, de 4 de junio. Las 1.760 horas son la referencia habitual de un año laboral a jornada completa y están puestas para que la cuenta se entienda: las tuyas son las tuyas. Este artículo no es asesoramiento fiscal ni contable.